Cómo escribirlas
y pronunciarlas correctamente

Varuna / Siri Tapa

 

Si un rishi (1) momificado hace 5000 años resucitase, y, aprendiendo en pocos días nuestro idioma actual, llegara aquí y contemplase el panorama del uso que hacemos del suyo –el sánscrito– en el contexto yóguico, se asombraría por el caos y el descuido que hay en torno a muchas palabras y expresiones.

Tal vez nuestro desconcertado sabio se armara de paciencia y dedicara un tiempo a tratar de restablecer algunas de las bases en toda esa confusión.

Tomemos por ejemplo el género de las palabras. El sánscrito es rico en vocales, y dentro de ellas, la ‘a’ es la más frecuente. De manera que una gran cantidad de palabras terminan en esa vocal, y ocurre que al verter de una lengua a la otra es muy tentador ponerlas en femenino por esta razón, por más que en su origen éstas tuviesen el género masculino o neutro.

Esto sin duda debió ocurrir durante los primeros años de inmersión del Yoga en Occidente, sobre todo con las primeras traducciones realizadas por manos desconocedoras de la gramática sánscrita.

Otra causa importante es la transcripción practicada directamente del inglés, donde el artículo determinado «the» carece de número y género, y toda la decisión volvía a quedar en manos del traductor, que terminaba aplicando la consabida lógica: vocal final en ‘a’ = femenino.

Y cuando no influía ninguna de estas razones, todavía quedaba una última para contribuir a la confusión: el significado en español de la palabra en cuestión. Al traducirse āsana como «postura» y ser ésta de género femenino, se tomaba la fuente transliterada como del mismo género y asunto resuelto.

Así, palabras como āsana y otras con la misma polémica, quedaron desde el principio con su género original invertido, y comenzaron a utilizarse de modo erróneo, generando así los hábitos adquiridos que hemos ido incorporando. Pero lo cierto es que en sánscrito, āsana es una palabra neutra, y tanto la norma gramatical española como la sánscrita dictan que un término neutro debe trasladarse a la lengua receptora en masculino. Y no sólo se ha pasado por alto esta regla: término neutro = masculino, sino que se ha omitido también aquélla que en nuestra Gramática dice que una palabra de género femenino que empiece por vocal ‘a’ tónica, deberá llevar artículo masculino para evitar la cacofonía o mal sonancia resultante. Así lo hacemos a diario con palabras como águila, agua, alba, aura, área, hacha y otras de género femenino a cuyo singular le precede el artículo masculino «el». Sin embargo, con «ásana» ni siquiera esto se contempla, y aparece una y otra vez escrita como «la asana» o «la ásana».

 

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Hay por otro lado otra cuestión, no menos importante que la del género: la de la pronunciación. En la transliteración(2) del devanāgarī(3), āsana lleva un acento diacrítico en la primera ‘ā’. Ese signo nos indica que la vocal debe pronunciarse con un valor de duración doble: «aasana». Como el sonido se asemeja al de una palabra esdrújula de las nuestras, por esa razón la vemos muchas veces escrita como: «ásana». Al menos esa solución parece razonable.

Por tanto, un imaginario y revivido rishi nos diría que un modo plausible, teniendo en cuenta una correcta transliteración del original sánscrito al español, sería pronunciar y escribir: «el ásana» y «los ásanas.

Con respecto a mudrā ocurre lo contario. Por todos lados se la encuentra escrita con género masculino cuando su semilla sánscrita es femenina.

Aquí encontamos la misma tendencia de asignar el género de la palabra traducida a la transliterada, pues mudrā en español significa «gesto» y éste es masculino. Esta circunstancia pudo influir hasta el punto de alterar su acentuación y de aguda pasarla a llana. Sin embargo, en la transliteración hay una ‘ā’ de doble duración en la última sílaba, por lo que deberíamos pronunciarla como ‘mudraa’, o simplemente ‘mudrá’.

En consecuencia, tenemos que «el mudra» se escribirá y pronunciará en español «la mudrá», todo un desafío para la mayoría de yoguis hispanoparlantes.

Sin duda nos enfrentamos a hábitos adquiridos harto difíciles de erradicar. Pero desde aquí os invitamos a recoger la importancia de descubrir un poco más sobre los términos que empleamos, con la misma ilusión y rigor con que lo haría el espíritu de un comprometido e imaginario rishi.

 


(1) Los rishis eran los grandes sabios de la antigüedad védica.
(2) Transliteración es la representación de los caracteres de un sistema de escritura por medio de los símbolos de otro sistema de escritura.
(3) Alfabeto de signos del sánscrito.

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